Despierta, Señor, nuestros corazones, que se han dormido en las cosas y ya
no tienen fuerza para amar.
Despierta, Señor, nuestra ilusión que se ha apagado en ilusiones pobres.
Despierte, Señor, nuestras ganas de felicidad, porque nos perdemos en
diversiones caducas.
Despierta, Señor, nuestro corazón que se ha interesado y no sabe del amor
que se entrega gratuitamente al pobre.
Despierta, Señor, todo nuestro ser, porque hay camino que sólo se hacen
con los ojos abiertos para reconocerte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario