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jueves, 15 de octubre de 2015

SABIO MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO

SABIO MENSAJE DEL PAPA FRANCISCO
Te lo suplíco ¡no vivas sólo por tus hijos! No solo no lo necesitan, eso les hace daño.
Cuando el niño se convierte en la razón de vivir de sus padres eso es demasiado para él. Es como si lo encerraran en una habitación en la que un día se acabará el aire; aunque al principio puede respirar, llegará el día que empiece a ahogarse. Ahogarse en medio de tanto “amor y cuidado“.
Por eso te suplico, no vivas sólo por tus hijos. Encuéntrale otro significado a la vida, encuentrale otro sentido al hecho de ser papá o mamá. Para que los niños y niñas que nazcan en nuestro planeta no se conviertan en deudores y víctimas de tu ”caridad" y cuidado.
Ama a tu cónyuge. Los niños crecerán y él o ella se quedará contigo. Puedes ser tú quien de ejemplo a los niños acerca de cómo llevar una vida de pareja saludable, para que ellos mismos quieran tener su propia familia, pero también puedes truncar el deseo de tu esposo o esposa si te metes demasiado en los problemas de tus hijos y te olvidas de él o ella.
Ámate. No te olvides de ti mismo cuando luches por la felicidad de tus hijos. No te niegues un vestido o una corbata (por ejemplo) por comprar un nuevo juguete, no cambies tu salón de belleza o tu hobbie por pagar un nuevo profesor particular; si tú no cuidas de ti mismo ¿qué le puedes dar a los demás? ¿qué ejemplo les darás? ¿qué amor?.
Búscale sentido a la vida más allá de lo material. Esta vida no es eterna y así es aunque no quieras pensar en ello. La espiritualidad, la religión, las oraciones (o cual sea tu manera de expresar tu vida espiritual) pueden ser una fuente de energía y deseos de vivir que te ayudarán a no apoyarlo todo sobre los hombros tus hijos.
No vivas sólo por tus hijos, te lo suplico. Cuando encuentro niños y adultos cuyos padres lo dieron todo y más por ellos, me duele mucho verlos a los ojos. En muchos de ellos veo mi propio dolor, veo tristezas, corazones rotos, almas vacías. Sus ojos gritan por ayuda, gritan de dolor, de desesperación y de culpa. Ellos, como todos los niños, quieren amar a sus padres, pero si lo hacen seguramente no sobrevivirían a sus cuidados.
Dales a tus hijos la oportunidad de vivir y respirar. Así podrán crecer y desarrollarse en el área que tengan destinada. Nuestro rol como padres es muy sencilla: regar a tiempo pero no ocultar del sol, proteger de las malezas; después el niño, tal como una flor, podrá crecer por su cuenta y mostrar lo mejor de sí.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Padre sólo tiene uno

Padre solo tiene uno

Ser un buen padre también significa ser amigo, pero tu papel principal es ser guía, porque amigos tendrán muchos, pero padre solo tiene uno.

domingo, 21 de junio de 2015

A los papás

A los papás que siempre estuvieron
a los que se tuvieron que ausentar.
A los que siempre nos amaron
a los que hubo que obligar.
A los que siempre nos cuidaron
a los que no tuvieron oportunidad.
A los que se quedaron
a los que les dio temor.
A los de trato dulce
a los que no aprendieron a abrazar.
A los que nos enseñaron a amar
a los que ni siquiera supieron cómo.
A los que desde el cielo,
desde el alma, desde casa,
siempre están. Como el mío.
A ti, a ustedes papás, como haya sido,
por el don de la vida, y por mucho más:
GRACIAS.


sábado, 8 de noviembre de 2014

*La impactante carta de un abuelo en defensa de su nieto gay*

Querida Christine;
Me decepcionas como hija. Tienes razón cuando dices que tenemos una "vergüenza en la familia", pero te equivocas sobre cuál es.
Echar a Chad de casa sólo porque te dijo que es gay es la verdadera "abominación" aquí. Un padre que repudia a su hijo es lo que va "contra la naturaleza".
La única cosa inteligente que te he escuchado decir en todo esto es que "tú no criaste a tu hijo para que fuera gay". Por supuesto que no lo hiciste. Él nació de esa manera, y no eligió serlo tal como tampoco (decidió) ser zurdo. Tu, sin embargo, sí elegiste ser hiriente, estrecha de mente y retrógrada.
Entonces, como estamos en lo de repudiar a nuestros hijos, creo que aprovecharé el momento para decirte adiós. Ahora tengo un 'fabuloso' (como dicen los gays) nieto que criar y no tengo tiempo para las palabras sin corazón de una hija.
Si encuentras tu corazón, llamanos.
Papá.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Un padre es

Un padre es alguien a quien hay que mirar hacia arriba, no importa lo alto que crezcas.

sábado, 14 de junio de 2014

El Amor de un Padre

El día que mi hija nació, sinceramente, no sentí gran alegría. ¡Yo quería un niño! En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de mi Andreita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante. Fue entonces cuando empecé a amarla con locura. Su carita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, la veía en cada niña, todo mi mundo, era ella.

Una tarde, mi familia y la de mi amigo Raúl fuimos de picnic a la orilla de un río que había muy cerca de casa. De pronto la niña preguntó a su padre: 

- Papi, cuando cumpla quince años ¿Cuál será mi regalo? 

- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que todavía falta mucho para que cumplas los quince?. 

- Bueno papito, tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí. 

Todos reímos con la ocurrencia de Andreita y seguimos disfrutando del picnic y hablando de otras cosas. 

Pasó el tiempo y una mañana me encontré con Raúl frente al colegio donde estudiaba mi hija, que ya tenía catorce años. Le comenté con gran orgullo las excelentes calificaciones y los conmovedores comentarios que le habían escrito sus profesores.

Andreita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente, en el corazón de la familia, y especialmente en el de su papá. 

Fue un domingo muy temprano que nos dirigíamos a la iglesia, cuando Andreita tropezó con algo, eso creíamos todos, y dio un traspié, su papá la sujetó de inmediato para que no cayera. Pero ya instalados en la iglesia, vimos cómo Andreita fue cayendo lentamente sobre el banco y perdió el conocimiento. La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi para llevarla al hospital; Andreita estuvo en coma durante diez días y fue entonces cuando le informaron a Oscar que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón. Le dijeron que no era algo definitivo, y que debían esperar a practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme. 

Los días iban pasando, Oscar renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Andreita. Una mañana Oscar se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:

-¿Voy a morir, verdad? ¿Qué te dijeron los médicos? 

- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan bueno no permitirá que pierda lo que más amo en mi vida, respondió el padre. 

-Cuando alguien muere, ¿adonde va? Desde donde esté ¿podrá ver a su familia? ¿Sabes si se puede regresar? ... Preguntaba Andreita.

-Bueno hija... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, si hiciera falta utilizaría el viento para venir a verte. 

-¿Y cómo lo harías? 

- No tengo la menor idea hijita, sólo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas. 

Ese mismo día por la tarde, llamaron a Oscar, la situación era grave, su hija se estaba muriendo y necesitaban un corazón urgentemente, pues el de ella no resistiría más de quince o veinte días. 

¿De donde sacar un corazón? ¿Como conseguir uno?.

Ese mismo mes, Andreita cumpliría quince años. Y por fin, ocurrió lo que parecía imposible, fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar. 

El domingo Andreita ya estaba operada, todo salió como los médicos habían planeado. ¡Éxito total! 

Sin embargo, Oscar no había vuelto por el hospital y Andreita lo extrañaba muchísimo, su mamá le decía que todo estaba bien y que su papá estaba trabajando para sostener la familia. 

Andreita permaneció en el hospital durante quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte, y así lo hicieron. 

Precisamente el día de su cumpleaños, le dieron el alta médica, Andreita estaba feliz e ilusionada. Al llegar a casa todos se sentaron en el sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre: "Andreita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuanto tenías diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi corazón, mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras. ¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!!" 

Andreita lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá; lloró como nadie lo ha hecho y susurró: “Papá, ahora puedo comprender cuánto me amabas. Yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "TE AMO", perdóname por haber guardado silencio tantas veces". 

En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y una suave brisa acarició las mejillas de Andreita, ella entre sollozos, sonrió, alzó la mirada al cielo, secó las lagrimas de su rostro, se levantó y emprendió regreso a su hogar. 

Nuestros hijos son lo más hermoso que podemos tener.

Ámales, dedícales tus mejores momentos.

No descargues tus frustraciones sobre ellos ni les pongas en medio de discusiones o situaciones de tensión.

Cada día, a cada instante exprésales tu amor de diferentes maneras, y diles que los amas, aunque te cueste.

martes, 10 de junio de 2014

A tí

A tí, que acompañaste a mi madre, que la cuidaste, la protegiste, la mimaste estando yo en el seno materno... Que junto a ella elegiste mi nombre... Que al ir creciendo me guiaste, me pusiste límites, me orientaste, me aconsejaste... Que hoy me veo reflejada en tí en muchas de mis acciones y actitudes... A tí, por tu amor incondicional, por haberme brindado todo te digo ¡GRACIAS PAPÁ TE AMO CON TODO MI CORAZÓN.

martes, 18 de marzo de 2014

viernes, 28 de febrero de 2014

¡¡No te metas en mi vida!!

¡¡NO TE METAS EN MI VIDA!!
Hoy que estoy profundizando mis estudios teológicos en la Familia; sus valores, sus principios, sus riquezas, sus conflictos, recordaba una ocasión en que escuché a un joven gritarle a su Padre:
¡¡NO TE METAS EN MI VIDA!!
Ésta frase caló hondamente en mí, tanto, que frecuentemente la recuerdo y comento en mis conferencias para padres e hijos.
¿Si en vez de sacerdote, hubiese optado por ser padre de familia, qué le respondería a mi hijo, si él me hiciera esa pregunta?
Esta podría ser una respuesta:
¡¡Hijo, un momento, no soy yo el que me meto en tu vida, tu te has metido en la mía!!
Hace muchos años, gracias al profundo amor que mamá y yo nos tenemos, Dios permitió que llegaras a nuestras vidas y ocuparas todo nuestro tiempo. Antes de que nacieras, mamá se encontraba mal, no podía comer, y además debía guardar reposo, así que yo, tuve que encargarme de las tareas de la casa, además de mi trabajo.
Los últimos meses, antes de que llegaras a este mundo, mamá no podía dormir y tampoco me dejaba dormir a mí.
Antes de nacer los gastos aumentaron increíblemente, tanto que gran parte de nuestro salario se gastaba en ti, en el médico que atendía a mamá, en medicamentos y en comprarte lo mejor. Mamá quería cómprate todo lo que veía para bebes, las mejores prendas, y lo más lindo.
Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Llegó el día en que naciste y compramos un recuerdo para regalar a todos aquellos que vinieran a conocerte.
Desde la primera noche no dormimos. Cada tres horas como si fueras un reloj nos despertabas para que te diéramos de comer, otras veces te sentías mal y llorabas todo el tiempo, sin que nosotros supiéramos que hacer, pues no sabíamos qué te sucedía y hasta llorábamos contigo.
Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Comenzaste a dar los primeros pasos y tuvimos que estar detrás de ti todo el tiempo, ya no podíamos sentarnos tranquilos a leer el periódico, a ver una película, ni podía ver el partido de mi equipo favorito, porque para cuando menos lo esperaba, te perdías de mi vista y tenía que salir tras de ti para evitar que te lastimaras.
Y tu, me dices:
¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Todavía recuerdo el primer día que fuiste a la escuela. Tuve que llamar al trabajo y decir que no podía ir, porque tuve que acompañarte al colegio y estar contigo. Tú no querías entrar, llorabas y me pedías que no me fuera, tuve que pedirle a la maestra que me dejara estar a tu lado, hasta que tomaras confianza.
A las pocas semanas ya no me pedías que no me fuera, y unos pocos días mas tarde, hasta te olvidabas de despedirte cuando bajabas del auto corriendo para encontrarte con tus amiguitos.
Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Seguiste creciendo y nos pedías que te lleváramos al lugar en que te reunías con tus amigos, y que te dejáramos y te recogiéramos unas calles antes. Eras demasiado moderno y no se cuantas cosas más.
No querías llegar temprano a casa, te molestabas que te pusiéramos límites o reglas, no podíamos hacer comentarios acerca de tus amigos, sin que te volvieras contra nosotros, como si los conocieras a ellos de toda la vida y nosotros fuéramos unos "desconocidos" para ti.
Y tu, me dices:
¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Cada vez sé menos de ti, y lo que sé, es a través de los demás, ya no quieres hablar conmigo, dices que siempre te estoy regañando. Todo lo que yo hago está mal y te burlas de mí.
Y yo me pregunto, ¿Cómo con tantos defectos he podido darte todo lo que tienes?
Mamá se queda despierta y no me deja dormir preguntándome si has llegado a casa, diciéndome que es muy tarde y que tu celular está desconectado, que ya son las 3:00 de la mañana y no has llegado.
Solo cuando te oye entrar en casa y cerrar la puerta de tu habitación, podemos dormir.
Y tu, me dices:
¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
Te aburre hablar con personas como nosotros, que no entienden el mundo de hoy, por eso sólo me buscas cuando hay que pagar algo, necesitas dinero para la universidad, o para tu diversión.
Y tu, me dices: ¿¿NO TE METAS EN MI VIDA??
¡¡Hijo, yo no me meto en tu vida… tu te has metido en la mía, y te aseguro que no me arrepiento de que lo hayas hecho y la hayas cambiado para siempre!!
Mientras esté vivo, me meteré en tu vida, para ayudarte, para formarte, para amarte y para hacer de ti una persona de bien.
Además si no lo hago yo, otros se meterán en tu vida y esa es una responsabilidad que me corresponde a mí.
¡¡ Sólo los padres que saben como meterse en la vida de sus hijos logran hacer de éstos, hombres y mujeres que triunfen en la vida y sean capaces de amar y ser amados!!
“La paternidad no es un capricho o un accidente, es un don de Dios, que nace del Amor”

domingo, 19 de enero de 2014

AMOR VERDADERO Padre e Hija

Papito..., ¿cuánto me amas?

El día que mi Hija nació, en verdad no sentí gran alegría por que la decepción que sentía parecía ser más grande que el gran contecimiento que representa tener una hija: ¡Yo quería un varón!

A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucía pálida y agotada y la otra radiante y dormilona.

En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisita de mi Carmencita y por la infinita inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura. Su carita, su sonrisita y su mirada no se apartaban ni por un instante de mis pensamientos, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacía planes sobre planes, todo sería para mi Carmencita.

Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de Carmencita y Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía el mismo.

Una tarde estaba mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de un río cerca de casa y la niña entabló una conversación con su papá, todos escuchábamos:
- Papi,... cuando cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?
- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿no te parece que falta mucho para esa fecha?
- Bueno papito,... tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.
La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.

Una mañana me encontré con Randolf enfrente del colegio donde estudiaba Carmencita quien ya tenía catorce años. Randolf se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostraba las calificaciones de Carmencita, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de diez puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores. Felicité al dichoso papá.
Carmencita ocupaba toda la alegría de la casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente en el de su papá.

Fue un domingo muy temprano cuando nos dirigíamos a misa, cuando Carmencita tropezó con algo, eso creíamos todos y dio un traspié. Su papá la agarró de inmediato para que no cayera... Ya instalados en la iglesia, vimos como Carmencita fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento.
La tomamos en brazos, mientras su papá buscaba un taxi hacia el hospital.
Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, qué debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnóstico firme.
Los días iban pasando, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Carmencita, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.

Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija, cuando ella le preguntó:
- Voy a morir, ¿no es cierto? ¿Te lo dijeron los doctores?
- No mi amor... no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado sobre este mundo, respondió el padre.
- ¿Van a algún lugar?
- ¿Pueden ver desde lo alto a su familia?
- ¿Sabes si pueden volver? preguntaba su Hija.
- Bueno hija,... en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.
- ¿Al viento? ¿Y cómo lo harías?
- No tengo la menor idea hijita, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo, cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas.
Ese mismo día por la tarde, llamaron a Randolf, el asunto era grave, su hija estaba muriendo. Necesitaban un corazón, pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más:
¡UN CORAZÓN!
- ¿Dónde hallar un corazón?
- ¡Un corazón!
- ¿Dónde... Dios mío?

Ese mismo mes, Carmencita cumpliría sus quince años.
Y fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, una esperanza iluminó los ojos de todos, las cosas iban a cambiar.
El domingo por la tarde ya Carmencita estaba operada, todo salió como los médicos lo habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf todavía no había vuelto por el hospital y Carmencita lo extrañaba muchísimo. Su mamá le decía que ya todo estaba muy bien y que su papito sería el que trabajaría para sostener la familia.
Carmencita permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte y así lo hicieron.

Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá con los ojos llenos de lágrimas le entregó una carta de su padre:
"Carmencita, hijita de mi corazón: Al momento de leer mi carta, ya debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho. Esa fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuánto lamento no estar a tu lado en este instante.
Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenías diez añitos y a la cual no respondí. Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás haría por mi hija... Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras.
- ¡¡Vive hija!! ¡¡Te amo con todo mi corazón!! "
Carmencita lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá. Lloró como nadie lo ha hecho y susurró:
- "Papi... ahora puedo comprender cuanto me amabas.
Yo también te amaba y aunque nunca te lo dije, ahora comprendo la importancia de decir "Te Amo" y te pediría perdón por haber guardado silencio tantas veces".
En ese instante las copas de los árboles se mecieron suavemente, cayeron algunas hojas y florecillas, y una suave brisa rozó las mejillas de Carmencita, alzó la  mirada al cielo, intentó secar las lagrimas de su  rostro, se levantó y emprendió el regreso a su hogar.

Si éste mensaje tocó tu corazón, invita a todos tus amigos y amigas como señal de tu amistad; Por favor, nunca dejes de decir “TE AMO”.
No sabes si será ésta la última vez …
Cada día a cada instante.
Expresa tu amor.

martes, 17 de diciembre de 2013

Comparte si estas orgulloso de ser padre

Un hijo es...
1. Un milagro en tus manos, el milagro de la vida.
2. Un privilegio, que no todos tienen.
3. Una responsabilidad, ante Dios que da la vida y ante la sociedad donde vivira.
4. Un gozo y hay que disfrutarlo.
5. Una aventura que recorreran ambos padre e hijo.
6. Una preocupacion por lo que es necesario prepararse.
7. Algo desconocido que preocupa y desvela.
8. Una computadora en limpio, en la cual tu imprimiras todo tipo de informacion moral, social , afectiva y muy especial espiritual.
9. Alguien que quitara tu sueño y tus horas, reclamando atencion.
10. El ser donde volcaras todo tu amor, ternura, anhelos y esperanza.
Un hijo es todo eso y mucho mas....

viernes, 13 de diciembre de 2013

Los buenos padres

*Los buenos padres no le dan a su hijo todo lo que necesita, 
Le enseñan que él es capaz de conseguir lo que quiere. 
*Los buenos padres no buscan hacer feliz a su hijo, 
Le enseñan que la felicidad depende de cada uno. 
*Los buenos padres no le dan oportunidades a su hijo, 
Le enseñan a buscarlas, a crearlas y a aprovecharlas. 
*Los buenos padres no le dan a su hijo lo mejor para que sea feliz, 
Le enseñan a disfrutar y a encontrar lo mejor, aún en lo más sencillo. 
*Los buenos padres no le enseñan a su hijo a superar siempre a los demás, 
Le enseñan a superarse a sí mismo. 
*Los buenos padres no le enseñan a su hijo a decir todo lo que piensa, 
Le enseñan que lo que pensamos no es la verdad absoluta y que debemos ser cautelosos al expresar nuestras opininiones, teniendo en cuenta los sentimientos de los demás. 
*Los buenos padres no le resuelven los problemas a su hijo, 
Le enseñan a asumir responsabilidad y a aprender de sus errores. 
*Los buenos padres no le enseñan a sus hijos a evitar los fracasos, 
Le muestran que el fracaso es parte del camino hacia el éxito. 
*Los buenos padres no convencen a su hijo de su importancia en la sociedad, 
Le enseñan que sirviendo se volverá importante para ella. 
*Los buenos padres no le enseñan a su hijo a ser crítico y resentido ante las injusticias, 
Le enseñan a contribuir en paz y a construir la justicia.

sábado, 7 de diciembre de 2013

UN NUDO EN LA SÁBANA (Reflexión)

En la reunión de padres de familia de una escuela, la directora resaltaba el apoyo que los padres deben darle a los hijos, ella entendía que aunque la mayoría de los padres de la comunidad eran trabajadores, debían encontrar un poco de tiempo para dedicar y pasar con los niños. Sin embargo, la directora se sorprendió cuando uno de los padres se levantó y explicó, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía para trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo y cuando regresaba del trabajo era muy tarde y el niño ya estaba acostado. Explicó además, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia. Dijo también que el no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba reemplazar esa falta dándole un beso todas las noches cuando llegaba a su casa y para que su hijo supiera que él le había ido a ver mientras dormía, hacía un nudo en la punta de la sábana. Cuando mi hijo despierta y ve el nudo, sabe que su papá ha estado allí y lo ha besado. El nudo es el medio de comunicación entre nosotros. La directora se emocionó con aquella singular historia y se sorprendió aún más cuando comprobó que el hijo de aquel hombre era uno de los mejores alumnos de la escuela. Este hecho nos hace reflexionar sobre las muchas formas en que las personas pueden hacerse presentes y comunicarse con otros. Aquél padre encontró
su forma, una forma simple pero eficiente. Y lo más importante es que su hijo percibía a través del nudo, todo el afecto de su papá!!!





martes, 26 de noviembre de 2013

Amor de Padres

Tus padres esperaron tu llegada 9 meses, los cuales fueron los más largos de su vida. Tu mamá, acariciaba su vientre con lágrimas en los ojos, mientras que tu papá corría por conseguir lo que a ella se le antojaba. Nueve largos meses en los que ninguno dormía, largos meses en los que con emoción buscaban encontrarte el nombre perfecto, meses en los que se imaginaban tu rostro y solo te veían a través de una borrosa ecografía. El tiempo se acortaba, hasta que llegó el día, tu cuerpo pequeño fue sostenido por tu madre quien feliz te contemplaba, tu padre, con cierto miedo tocó tu cuerpo y lo acariciaba. Toda tu familia te esperaba, tu habitación de recién nacido estaba lista, mucha ropa, todo estaba listo para ti. Habías llegado a la vida. Durante mucho tiempo tus padres se encargaron de alimentar tu frágil cuerpo, de celebrar tus primero pasos, te enseñaron a levantarte si te caías, tus cumpleaños, el primer día del colegio, la primera persona que te atrajo sentimentalmente, hasta que completamente creciste, tu cuerpo maduró, aprendiste lo que te enseñaron y a desenvolverte solo. Las cosas cambiaron, ya no eras un bebé a lo que protegían cada segundo, tenías que valerte por ti mismo. Las cosas no eran fáciles, no le parecías perfecto, ni suficiente a nadie, ni a ti mismo. Se burlaban de ti, de tu peso, de tu rostro, de tu forma de ser, de tus gustos, de tu opción sexual, de tu sonrisa, de tu forma de caminar, de tu forma de hablar, no podías con todo. Y creíste que ayer, hoy, mañana todo sería igual. Que nada cambiaría. Aparentaste ser feliz para todos, pero no lo eras. No pudiste más, no lo soportaste, olvidaste el puro y mucho amor con el que te trajeron a la vida y te rendiste, creíste que a NADIE le importabas, ni a tus padres. Te lastimaste, intentaste acabar con el maravilloso regalo de la vida, tu madre, una mañana, viene a despertarte como habitualmente lo hacía, la puerta de tu habitación está cerrada y ella comienza a golpear pero nadie atiende, la empuja y la abre. Te encuentra tirada, tus muñecas llenas de sangre, ella, desesperada, llama a tu padre. Tus hermanos, tu familia, se enteran. Emergencia llega, y mientras los forenses retiran tu cuerpo, tu madre cae en depresión junto a toda tu familia... y tú creíste que a NADIE le importabas. ¿Vez que si importas? ¿Vez que hay personas que te aman como TÚ eres? Hay quienes tienen ayuda para ti, no estás solo, ni mucho menos has perdido esta guerra, eres fuerte y podrás salir adelante, porque después de todo, hay personas que verdaderamente te aman.
No es amor de pareja, es amor de padres, el más puro y sincero amor.

sábado, 5 de octubre de 2013

CARTA A UN HIJO


Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor.
Te regañé porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grité porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta.
Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furioso te levanté por el cabello y te empujé violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato.
Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mi tímidamente y yo sólo te advertí que no te portaras mal.
Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado.
Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos; que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mi te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa.
A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto.
Al poco rato mi ira comenzó a apagarse.
Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude. Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido?
Luego escuché unos golpecitos en la puerta. 'Adelante'  dije, adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación.
Te miré con seriedad y pregunté: ¿Te vas a dormir?  ¿vienes a despedirte?
No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente.
Te abracé  y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito.
Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla.
Sentí que mi alma se quebrantaba.
'Hasta mañana papito' me dijiste.
¿Qué es lo que estaba haciendo?
¿Por qué me desesperaba tan fácilmente?
Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual.
Tu tenias unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabias demostrar amor.
¿Por qué me costaba tanto trabajo?,
¿Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado?
¿Qué es lo que me estaba aburriendo?
Yo también fui niño.
¿Cuándo fue que comencé a contaminarme?
Después de un rato entré a tu habitación y encendí con cuidado una lámpara.
Dormías profundamente.
Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebé.
Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce.
No pude contener el sollozo y cerré los ojos.
Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste.
Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio.
Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación...
algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

20 EMOTIVOS CONSEJOS PARA PAPÁS CON HIJAS

20 EMOTIVOS CONSEJOS PARA PAPÁS CON HIJAS 
Michael es un papá de treinta y tantos años cuyo blog Life to her years, busca “darle más vida a los años de una hija”. La lista trata justamente de eso, de no solo criar a una hija, sino de darle más vida, energía, cariño y sabiduría para que pueda crecer y ser una mujer plena. A continuación les presentamos nuestra selección de los mejores consejos.

1. Ama a su mamá. Trátala con respeto, honor y demuéstrale todo el cariño que le tienes en público y cuando estén solos. Lo más probable es que tu hija crezca y busque un hombre que la trate como tu tratas a su madre —para bien o para mal, así suele ser.
2. Debes estar ahí para ella. Los momentos inolvidables jamás ocurrirán si no le dedicas mucho tiempo.. Desarrolla un interés genuino por las cosas que ella disfruta. Ella necesita que estés involucrado en cada paso de su vida, no que te quedes con las brazos cruzados mientras crece.
3. Disfruta cada momento con ella. La vida pasa extremadamente rápido, antes de que te des cuenta tu hija ya no estará gateando en pañales por la casa, estará aprendiendo a manejar, y luego la estarás acompañando por el altar. En poco tiempo pasar tiempo con su papá no será lo mejor del mundo. La vida pasa muy rápido. Disfrútala mientras puedes.
4. Enséñale a lanzar y atrapar una pelota. Juega futbol con ella. Demuéstrale que tirar como niña puede ser bueno.
5. Báñala. Disfruta esta increíble experiencia con ella.
6. Llegará el día en que te pida un cachorro. No lo pienses mucho, al menos una vez en su vida, solo di, “sí”.
7. Baila con ella. Empieza a hacerlo cuando esté pequeña, o incluso, cuando sea un bebé. No esperes hasta el día de su boda.
8. Dile que es hermosa. Díselo una y otra vez. Algún día una película o una revista intentará convencerla de lo contrario.
9. Enséñale a cambiar una llanta. Un pinchazo no tiene por qué causarle pánico. Cuando le suceda por primera vez te llamará llorando de cualquier manera, pero sabrá que hacer.
10. Es tan inteligente como cualquier niño. Asegúrate de que lo sepa y entienda.
11. Si toma clases de natación asegúrate de nadar con ella. Si no hay otros padres en la alberca, será su pérdida.
12. Nunca faltes a su cumpleaños. En diez años no recordará que regalo le diste, pero recordará que no estuviste.
13. Después de una pesadilla querrá dormir en tu cama. Esto es bueno.
14. Pocas cosas en esta vida son más reconfortantes para una pequeña llorando que la mano de su padre. Nunca lo olvides.
15. No le compres demasiados regalos en su cumpleaños o en Navidad. En vez, regálale experiencias. Pasa tiempo en la naturaleza, llévala a pescar. Maravíllate con la manera en que ella se maravilla con cada experiencia nueva.
16. Hazle saber que siempre puede regresar a casa. No importa qué pase.
17. Recuerda que, como una mariposa, un día va a extender sus alas. Disfruta sus años de oruga.
18. Escríbele una carta a mano cada año en su cumpleaños. Dáselas cuando empiece a estudiar la carrera, cuando ella se convierta en madre, o cuando creas que las necesite más.
19. Aprende a confiar en ella. Dale más libertad cada año. Será capaz de cumplir con tus expectativas.
20. El día en que se va a enamorar llegará pronto. Y no hay manera de que te prepares para ello. Si aceptas esto ahora, todo será más fácil.